DOUX BLA BLA BLA
Hasta ese momento los sonidos que habían salido de tu boca no tenían variación, solo recibía aquel dulce “bla bla bla” de tu voz angelical.
A mi alrededor todo daba vueltas y vueltas, una y otra vez. Mi atención estaba puesta en este interesante rededor y no en tus palabras, en la cortina que bailaba con el aire que entraba por la ventana abierta, en los perros que ladraban fuera, en las micros que pasaban, en los niños que oía jugar a lo lejos celebrando un gol, en el vapor del mate que descansaba sobre la mesa al lado de un sobre vacío de condones, ese vapor que dibujaba las mas diversas formas. Me concentro en esto, figura tras figura, ninguna igual a la anterior, subían hasta el techo en hermosos hilitos de vapor. Te escucho, pero no te oigo, no te presto atención, solo veo el vaporcito del mate que poco a poco se va agotando, se acaba, se consume, a medida que se enfría, junto con la taza y la bombilla, que parece escuchar tu dulce “bla bla bla” más que yo.
No te presté atención, hasta que escuche un “me tengo que ir” salir de tu boca, entonces te miré taciturno. Te levantaste de sillón, tus ojos brillaban de tristeza, vi asomarse una lágrima que recorrió lentamente tu mejilla derecha. No escuché lo que me dijiste, tampoco me interesó. Solo fue un dulce “bla bla bla”.
Fui a dejarte a la micro, te encamine no muy lejos, hasta el paradero. En lo alto cantaban los pájaros, felices, reían y volaban libres, tal vez se burlaban de mi error.
Te subiste a la 374 “Pedro de Valdivia – Blanqueado”, se movieron las ruedas, me miraste a través de la ventana, y la maquina amarilla se alejó. Quedé solo en la parada.
Encendí un cigarrillo, y volví a casa. Llegué pronto, no estaba lejos. Me dejé caer sobre mi cama, escuché aquella canción de Noel Nicola que tanto te gustaba “ámame así como soy”. El mate estaba frío, no lo bebí, había salido ya el sol de entre las nubes (en una inversa proporcionalidad de temperaturas*). Entonces me puse a llorar, solo un reproche atormentaba mi mente, “jamás debí haberte dejado ir”.
Con el tiempo descubrí que el problema no era el desinterés, ni la falta de pasión, ni la carencia motivacionál, ni la monotonía, ni los años, ni la no-libertad. El verdadero problema consistía en que nosotros los seres humanos somos adictos al aire, puro o impuro, adictos al aire.
AVANT TON RÉVEILLER
Amigo, lo se,
Nos negaste la realidad,
Ocultaste tras tus vidriosos ojos la verdad,
Para vanagloriarte ante tu familia.
Solo te diré una cosa,
No mires con ensalzada complicidad a aquella dama,
Yo puse mis ojos en ella, antes de que pisaras mi tierra.
Me enamoré antes que tú de aquella mujer.
Es difícil, sin embargo, hacer colas para el amor.
Tal vez para comprarlo, pero no para obtenerlo,
Y fuiste tú, joven amigo el elegido.
Amigo, lo sé.
Ella puso sus ojos en ti antes que yo pisara su tierra.
Puedes seguir jactándote por aquel maldito amor.
Yo brindaré por ti, lo sé, antes de que vuelvas a abrir los ojos.
POSTAL 521
¿Ves?, ahora nadie pregunta por ti,
Nadie nota tu ausencia en mi ciudad,
Te pasó por fría, adictiva obsesión.
Ya ves, hoy recordamos sonrientes
Nuestras tristes borracheras
Y evocamos reflexivas banalidades.
Siento que hemos vuelto a vivir,
Son estos nuevos tiempos,
Tiempos de calma y tiza,
De café y cigarrillos
Y de nuevos amores.
ADULACIÓN A UNA FLOR NOCTURNA
No eres tú, es aquella poesía difusa la que me hace suspirar. Es aquella borrosa imagen la que me hace soñar, tu sonrisa se encarga de enloquecerme, tus ojos de mirar al infinito, tu cabello de elevarse al viento salado, tu cuello de sentir mi respiración, y tu corazón de latir.
No te conozco, no se cual es tu nombre completo, menos se tu apellido, no se donde vives, ni donde pasas el resto del día, ni donde pasaras la noche, no se quienes son tus padres, no conozco tu voz, ni tu forma de besar, no se si algún dia me mirarás, no sé la fecha de tu cumpleaños, ni tu edad, ni con qué sueñas, y lamentablemente, no sé cuando mientes y cuando dices la verdad. Solo sé, que tu despertaste ese deseo ferviente dentro de mi, siento como si por mi hubiesen pasado los mil eventos de la noche platónica.
Te miro desde lejos, te miro, me quitas el sueño, tú en tu habitación de princesa dormirás tranquila. Yo tal vez sueñe con aquel otoño frío donde caen flores de tul sobre tu cuerpo, te deseo y lo siento así.
Te quiero, aunque de mi no te hayas despedido, te quiero aunque nunca te haya besado la mano, te quiero, aunque nunca te haya dicho palabras al oído, te quiero aunque nunca cumpla ese sueño, te quiero, así de extraño. Te quiero aunque no pueda acariciar tu mejilla, te quiero aunque no te pueda besar, aunque no pueda sentir tu aroma, aunque no pueda tocar tu pelo, no pueda susurrarte al oído, aunque no pueda verte a los ojos, te quiero aunque tu no me quieras, te quiero aunque contigo nunca pueda estar.
FRAGMENTOS DE AMOR EN UNA CARTA
QUEMADA
[…] Escribo este montón de letras No encontré mejor manera de iniciar esta suerte de carta), y que espero que por tus ojos sean leídas, como una manera casi cobarde de explicarte lo que por ti siento, cobarde digo, porque jamás me atreví a decírtelo a la cara, jamás me atrevería decirte todo lo que aquí esta escrito a ti personalmente, ¡Eres tan hermosa!, mis palabras se quedarían en mi garganta, sin lograr su efímera libertad, para luego terminar en tus oídos y tal vez en tu mente. Por eso la carta […]
[…] No creas que escribo esta carta para que sientas lastima por mí, tampoco creas que la escribo con el vano motivo de llenarte la cabeza con retóricas vacías palabras repetidas y manoseadas para elogiar tu belleza una y otra vez para tu vanagloria.
No escribo esta carta como irrefutable prueba de mi soledad, tampoco la escribo para decirte que te amo, aunque sea esta la pura verdad, ni para decir que por las noches no duermo pensando en ti, y si es que logro conciliar el sueño, te apareces ahí en mis sueños con tu adictiva sonrisa inalcanzable, con esa sonrisa, ese cuerpo, esos hipnóticos ojos de hermosa oxidiana negra, esa carita de princesa. Tampoco te diré que estoy loco por ti, completamente loco por ti, ni que estoy enamorado, que todo me trae tu nombre, tu recuerdo, tu imagen. Insisto, no mencionaré que te amo.
Más bien escribo estas líneas, para agradecerte, disculparme y reprocharte […]
[…] Agradecerte, antes que todo, por aparecer ante mis ojos errantes, con aquella mirada tuya. Casi mágica, que me hizo perder la cordura, agradecerte por venir a este olvidado rinconcito de la ciudad. Por aparecer en mi vida. Agradecerte por escucharme las pocas ocasiones en que pudimos intercambiar una que otra palabra, sobre todo la última vez que te vi, en aquella ocasión, en aquel desenlace triste. Agradecerte por existir, agradecerte por ser tan maravillosa, tan hermosa, aunque suene esto una superficialidad. Agradecerte por traer a mí esas bellas ilusiones, esos sueños que no se olvidan fácilmente. También te agradezco las tristezas y dolencias que a me diste, que a mi vida trajiste, te las agradezco porque me hicieron mas fuerte ante la vida y ante este difícil sendero del amor. Incluyo la primera vez que te vi, y la ocasión aquella en la que vagué solo y triste por las calles de mi ciudad, buscándote, pisando aquel húmedo pavimento iluminado sutilmente por la anaranjada tenue luz del alumbrado público. Agradezco hasta tu indiferencia, la agradezco porque me hizo perseverar […]
[…] También escribo para disculparme, disculparme por aquella ocasión, tal vez la recuerdes, en la que dije lo que sentía por ti, se que en ese momento te hice sentir incomoda, lo sé, y me disculpo por eso, la situación no ameritaba una escena de amor, menos una borracha confesión, no estabas bien, tampoco yo, siento lo que te dije, y como te lo dije, pero necesitaba hacerlo […]
[…] Disculparme por no poder, y no querer olvidarte […]
[…] Te escribo también para reprocharte, reprocharte por ser tan hermosa, por ser la mujer mas bella que haya pisado esta maldita ciudad, reprocharte por tu boca inalcanzable, por tus labios venenosos, por tu boca imposible, imbesable […]
[…] Reprocharte por tus ojos, demasiado hermosos, ojos que jamás me mirarán. Quiero reprocharte, de igual manera, por haberte robado mi corazón, por habértelo llevado en tu bolso de viajes a tu ciudad lejana y por haberlo hecho pedazos para tirarlo a un nefasto basurero penquista. Reprocharte por tu indiferencia asesina, por las lágrimas derramadas en vano, por haberme hecho enloquecer. Y reprocharte, reitero, por ser tan bella, por ser tú aquel ángel que vino desde lejos para embriagarme de amor y por traerme la eterna angustia de tu ausencia, por esto no hay perdón […]
[…] Me despido, con la tentación de mencionar lo que no quería en un principio mencionar, te amo, y no te imaginas cuanto. Jamás comprenderás lo que he sentido y sigo sintiendo aquí dentro desde la primera vez en que te cruzaste por mi vista, hace ya algunos años atrás, lo que me impulsó a escribir estas líneas que espero que por tus ojos hayan sido leídas […]
[…] Te amo, y no te imaginas cuanto […]
RODRIGO Y SU ANGEL
Rodrigo había tenido un día terrible, estaba cansado, tomo una ducha nocturna y se fue a la cama, rodeado por la oscuridad y la corrosiva soledad de un martes por la noche. Estaba Rodrigo acomodando su cuerpo entre las sabanas cuando de pronto vio en la ventana, casi como una obra de arte o como uno de sus reiterados sueños nocturnos, la silueta de una mujer, el la mira estupefacto, no puede creerlo, ninguna mujer se había fijado antes en él, tal vez era una alucinación. De pronto detrás de aquella silueta se enciende una luz muy potente, Rodrigo queda boquiabierto cuando ve las enormes alas emplumadas de la silueta levantarse por sobre lo femeninos hombros de aquella hermosa silueta. De inmediato Rodrigo se levanta, corre hacia la ventana, la abre de golpe, pero no ve nada, solo unas cuantas plumas blancas tiradas en el suelo y la luz que se aleja. “No te vayas” dijo Rodrigo y no obtuvo respuesta alguna. No pudo conciliar el sueño aquella noche, siguió sintiéndose solo, “Tal vez la espanté”, se cuestionaba Rodrigo. No cometería nuevamente ese error, no señor, y la esperó una semana completa, en la que se mantuvo despierto a cafeína pura. El ángel no apareció. Rodrigo quería volver a verla, comienza así su tormento, su potencial obsesión, se puso a investigar, leyó algunas olvidadas hojas bíblicas, nada encontró, y buscó un viejo libro de criaturas fantásticas, lo abrió y se podía creer lo que vio, la pagina que él buscaba estaba marcada con una pluma blanca. Entonces comenzó a leer con sus ojos bien abiertos, de pronto siente detrás de el una presencia, siente el calor de aquella luz, la misma de aquella noche inolvidable, siente de pronto una puntada detrás, luego otra y otra, sintió sus ropas húmedas, creyó que era sudor, sintió su cuerpo debilitarse, creyó que era la impresión. Se volteó para ver a su ángel que le robó el corazón hace una semana y que le quitó el sueño durante sus noches, la vio, era la mujer mas hermosa que en su vida había visto, estaba rodeada por una luz encandilante, sus alas se alzaban hacia lo alto y tocaban el cielo de la casa. Rodrigo cayó a sus pies. Solo ahí, mientras caía vio el cuchillo carnicero que había pertenecido a su difunto padre, rojo de sangre. Cayó agonizante, el ángel lo miró, sonrió y le escupió la cara. Rodrigo no alcanzó a preguntar el porqué.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario