MI CALLE
Mi calle pisada por un sin fin de de zapatos acelerados, por mocasines tardos y zapatillas jóvenes y gastadas.
Mi calle ha sido el escenario, el lugar preciso, el escenario del show, del rodaje de mi vida y de la de muchos.
Ese es el sitio.
Ese es el sitio donde viví, donde crecí, y donde quiero morir.
Mi calle colmada de chicles y de colillas de cigarrillos, de papeles, de botellas, cada cual con su historia. La acera pisada por muchos, el pavimento que ha visto la evolución del tiempo por medio de automóviles, los camiones cargados de escombros y de los materiales que construirían nuestro apocalíptico progreso.
Mi calle, mi calle del recuerdo, de mis historias y de la de muchos, la de los vendedores de cloro, del afilador de cuchillos, de los carteros, de las jóvenes parejas de enamorados, del heladero que miraba los voluminosos traseros de las mas jóvenes y bellas del barrio, de los niños llenos de sueños, que caminan con una sonrisa de la mano de sus padres.
Mi calle, calle que se vio encerrada, atrapada por un progreso que todo lo corroe, si no es así, pregúntenle a las mariposas de colores rojinegros, a las libélulas errantes, a los chanchitos de tierra, a los pies descalzos, por qué ya no transitan mi calle.
ESTRUMANCIA
Me autopresencié en una otócara e insalable tarde del otoño rosteado por el mentecaritatismo mudo, mientras las hojas descienden mausqueadamente desde las alturas. Me sentí por entero muerticátolo, infláticamente pinflícico, tonto, miserable y rotrirsticeo. Posteriormente, consecutro, me sentí virible, algo annocroto en medio de la concecutra tróscata, así de beronesco por consecuencia de la mostrecación de tal equitromalático otoño con vientos de invierno, en medio de la renutación, me levanto y me dirijo al equítolo calputreo, algo lansozado, con esa profunda renutación que me corroía por dentro, así como la sildemarima de mi viejo barrio. Oh si, lo recuerdo, recuerdos de un pasado incristilantemente realitico, oscutable y seterstético, cuando me dirigía nervastamente hacia un futuro nazable, sin teoansociacion de ningún tipo, recuperando fuerzas para seguir mi viaje de mesallación, así es, así de extraña es la vida en este otoño feroz, así de nertrunante, así de propensa a la estrumancia.
NO ES POEMA
El cielo se nubla,
Las hojas caen,
Sientes que el sol ya no brilla para ti,
Sientes que todo se derrumba,
Que todo marcha mal.
Te sientes solo.
Oyes de ella, insomnio asegurado,
Ella te quita el sueño, siempre ha sido así,
En vano.
Palabras llenas, corazón vacío.
Palabras mudas, corazón que ya no espera,
La noche te da oscuridad,
Pero también te da sinceridad,
Verdadera claridad,
Noche eterna,
Suspiras segundo tras segundo.
Te lo dije.
La enfrentas,
Te quita el sueño,
Palabras vacías, palabras mudas,
Mala situación,
Sientes que todo se derrumba,
Caes, pierdes, mueres, lloras, sufres, gritas,
Odias, amas.
Sientes que toso fue en vano.
Pero las estrellas jamás dejan de brillar.
Jamás.
SOBRE SOÑAR
Yo sueño, Tú sueñas, El sueña, ella sueña, Nosotros soñamos, Ellos sueñan
¿Pero en que momento se hacen realidad? Yo sueño, Me asumo un soñador,
¿Acaso tu no?
Tú tienes los pies sobre la tierra, Créeme, yo también, Pero a 25 metros sobre la tierra.
¿Será malo acaso soñar?
Para mi no es un crimen, Es más bien una virtud En la medida que tu lo creas y te haga feliz.
Yo sueño, ¿y tu?
Tú no me despertaras.
OBSESIÓN
Dicen que murió por ella, que se lanzó del décimo tercer piso de su edificio, dicen que cuando los pacos entraron a su pieza se sorprendieron al ver que estaba forrada en fotos de ella, y que todo en la casa tenía su nombre. Ella desconocía su existencia.
TRAJEDIA CHILENA (No Griega)
“En ti hallé mi salvación, en ti mi amor, me liberaste, por eso te amo”, Le dijo Sandra al “Joaco” antes de un final, el fin de una intensa historia de amor, final en el que Sandra volverá a consumir aquel veneno farmacéutico, aquella droga asesina, volverá a consumir esas malditas pastillas, prisión sin fianza de amor, esta vez su liberador se hallará ahorcado con su cinturón, en un frío crepúsculo.
ROMANCE FERIANTE
Una mujer hermosa, la más hermosa, una hermosura innarrable entre las muchas caras y cuerpos que se mezclan heterogéneamente en la feria. Una mujer hermosa entre hojas de choclo, entre deshechos, entre basura, entre alimento, entre bolsas, entre cuchillos, entre frutas, entre verduras, entre dinero, entre caseras y caseros.
Me acerco vacilante, chocando las bolsas llenas y duras entre los cuerpo, nada importa, ni las malas caras, ni los pasos acelerados , llego a su puesto, la miro a sus ojos brillantes, no de tristeza, no, la alegría se ve en su rostro, se hace notar.
- Me da dos kilos de papas -. Dije tartamudeante.
- No po, te los vendo si querí -. Dijo con una hermosa sonrisa dibujada en su juvenil rostro.
Las seleccionó velozmente y las pesó.
- Dos kilitos “caserito”.
“Caserito”, “ito”. ¿Será esto parte de su habitual discurso?
Me entrega la bolsa, siento su mano, ásperas de trabajo. En ese momento el mundo se detuvo ante mí, a lo lejos escuchaba los gritos de los feriantes ofreciendo sus productos y los murmullos apresurados de la gente. Todo se detuvo ante mis ojos. De pronto todo volvió a la normalidad, los gritos, los gritos, los gritos. Me mira y sonríe coquetamente. Me alejo, la gente ya no me deja verla. Hasta el próximo domingo.
Menú para los Domingos:
-puré de papas
-papas rellenas
-arroz con papas
-papas fritas
-papas cosidas
-ensalada de papas mayo
-Papas, papas, papas y mas papas.
Cierto extraño y peculiar domingo pagué mis dos kilos de papas de siempre, esta vez se me pasó un papel doblado en cuatro entre las monedas, una carta de amor entre las monedas pasadas por cientos y hasta miles de manos. Pero ninguna como las de aquella feriante.
Mi calle pisada por un sin fin de de zapatos acelerados, por mocasines tardos y zapatillas jóvenes y gastadas.
Mi calle ha sido el escenario, el lugar preciso, el escenario del show, del rodaje de mi vida y de la de muchos.
Ese es el sitio.
Ese es el sitio donde viví, donde crecí, y donde quiero morir.
Mi calle colmada de chicles y de colillas de cigarrillos, de papeles, de botellas, cada cual con su historia. La acera pisada por muchos, el pavimento que ha visto la evolución del tiempo por medio de automóviles, los camiones cargados de escombros y de los materiales que construirían nuestro apocalíptico progreso.
Mi calle, mi calle del recuerdo, de mis historias y de la de muchos, la de los vendedores de cloro, del afilador de cuchillos, de los carteros, de las jóvenes parejas de enamorados, del heladero que miraba los voluminosos traseros de las mas jóvenes y bellas del barrio, de los niños llenos de sueños, que caminan con una sonrisa de la mano de sus padres.
Mi calle, calle que se vio encerrada, atrapada por un progreso que todo lo corroe, si no es así, pregúntenle a las mariposas de colores rojinegros, a las libélulas errantes, a los chanchitos de tierra, a los pies descalzos, por qué ya no transitan mi calle.
ESTRUMANCIA
Me autopresencié en una otócara e insalable tarde del otoño rosteado por el mentecaritatismo mudo, mientras las hojas descienden mausqueadamente desde las alturas. Me sentí por entero muerticátolo, infláticamente pinflícico, tonto, miserable y rotrirsticeo. Posteriormente, consecutro, me sentí virible, algo annocroto en medio de la concecutra tróscata, así de beronesco por consecuencia de la mostrecación de tal equitromalático otoño con vientos de invierno, en medio de la renutación, me levanto y me dirijo al equítolo calputreo, algo lansozado, con esa profunda renutación que me corroía por dentro, así como la sildemarima de mi viejo barrio. Oh si, lo recuerdo, recuerdos de un pasado incristilantemente realitico, oscutable y seterstético, cuando me dirigía nervastamente hacia un futuro nazable, sin teoansociacion de ningún tipo, recuperando fuerzas para seguir mi viaje de mesallación, así es, así de extraña es la vida en este otoño feroz, así de nertrunante, así de propensa a la estrumancia.
NO ES POEMA
El cielo se nubla,
Las hojas caen,
Sientes que el sol ya no brilla para ti,
Sientes que todo se derrumba,
Que todo marcha mal.
Te sientes solo.
Oyes de ella, insomnio asegurado,
Ella te quita el sueño, siempre ha sido así,
En vano.
Palabras llenas, corazón vacío.
Palabras mudas, corazón que ya no espera,
La noche te da oscuridad,
Pero también te da sinceridad,
Verdadera claridad,
Noche eterna,
Suspiras segundo tras segundo.
Te lo dije.
La enfrentas,
Te quita el sueño,
Palabras vacías, palabras mudas,
Mala situación,
Sientes que todo se derrumba,
Caes, pierdes, mueres, lloras, sufres, gritas,
Odias, amas.
Sientes que toso fue en vano.
Pero las estrellas jamás dejan de brillar.
Jamás.
SOBRE SOÑAR
Yo sueño, Tú sueñas, El sueña, ella sueña, Nosotros soñamos, Ellos sueñan
¿Pero en que momento se hacen realidad? Yo sueño, Me asumo un soñador,
¿Acaso tu no?
Tú tienes los pies sobre la tierra, Créeme, yo también, Pero a 25 metros sobre la tierra.
¿Será malo acaso soñar?
Para mi no es un crimen, Es más bien una virtud En la medida que tu lo creas y te haga feliz.
Yo sueño, ¿y tu?
Tú no me despertaras.
OBSESIÓN
Dicen que murió por ella, que se lanzó del décimo tercer piso de su edificio, dicen que cuando los pacos entraron a su pieza se sorprendieron al ver que estaba forrada en fotos de ella, y que todo en la casa tenía su nombre. Ella desconocía su existencia.
TRAJEDIA CHILENA (No Griega)
“En ti hallé mi salvación, en ti mi amor, me liberaste, por eso te amo”, Le dijo Sandra al “Joaco” antes de un final, el fin de una intensa historia de amor, final en el que Sandra volverá a consumir aquel veneno farmacéutico, aquella droga asesina, volverá a consumir esas malditas pastillas, prisión sin fianza de amor, esta vez su liberador se hallará ahorcado con su cinturón, en un frío crepúsculo.
ROMANCE FERIANTE
Una mujer hermosa, la más hermosa, una hermosura innarrable entre las muchas caras y cuerpos que se mezclan heterogéneamente en la feria. Una mujer hermosa entre hojas de choclo, entre deshechos, entre basura, entre alimento, entre bolsas, entre cuchillos, entre frutas, entre verduras, entre dinero, entre caseras y caseros.
Me acerco vacilante, chocando las bolsas llenas y duras entre los cuerpo, nada importa, ni las malas caras, ni los pasos acelerados , llego a su puesto, la miro a sus ojos brillantes, no de tristeza, no, la alegría se ve en su rostro, se hace notar.
- Me da dos kilos de papas -. Dije tartamudeante.
- No po, te los vendo si querí -. Dijo con una hermosa sonrisa dibujada en su juvenil rostro.
Las seleccionó velozmente y las pesó.
- Dos kilitos “caserito”.
“Caserito”, “ito”. ¿Será esto parte de su habitual discurso?
Me entrega la bolsa, siento su mano, ásperas de trabajo. En ese momento el mundo se detuvo ante mí, a lo lejos escuchaba los gritos de los feriantes ofreciendo sus productos y los murmullos apresurados de la gente. Todo se detuvo ante mis ojos. De pronto todo volvió a la normalidad, los gritos, los gritos, los gritos. Me mira y sonríe coquetamente. Me alejo, la gente ya no me deja verla. Hasta el próximo domingo.
Menú para los Domingos:
-puré de papas
-papas rellenas
-arroz con papas
-papas fritas
-papas cosidas
-ensalada de papas mayo
-Papas, papas, papas y mas papas.
Cierto extraño y peculiar domingo pagué mis dos kilos de papas de siempre, esta vez se me pasó un papel doblado en cuatro entre las monedas, una carta de amor entre las monedas pasadas por cientos y hasta miles de manos. Pero ninguna como las de aquella feriante.
